Declaración

Soy doctor y profesor titular de antropología social aunque siempre subrayo que soy de un plan de estudios antiquísimo porque comencé ‘filosofía y letras’ en el, por aquel entonces, todavía colegio universitario, hoy en la Universidad de Cádiz. Quizás por esto solo en contadísimas ocasiones digo que soy antropólogo. Dirijo el grupo de investigación ‘Culturdes’ en la Universitas Miguel Hernández, que analiza las relaciones entre cultura, turismo y (cooperación al) desarrollo. Mis estudios sobre las manifestaciones del poder, los procesos de significación y los procesos socio-culturales en contextos turísticos han sido traducidos a varios idiomas, y suelo realizar todos los años alguna que otra estancia en centros de investigación europeos como en el Departmento de Etnología y Antropología Cultural de la Universidad de Ljubljana donde soy profesor visitante… pero lo más interesante de mi realidad académica es que tengo un grupo de estudiantes de doctorado con los que me reúno y me lo paso muy bien porque aprendemos mucho pensando juntos.

Cada vez que tengo ocasión pongo por escrito (¡como ahora!) mi insumisión a la ideología de las disciplinas y el provincianismo que imponen los cortijos académicos, como las mal llamadas área de conocimiento. Pienso que las fronteras disciplinarias solo sirven para buscar refugio en la complicidad de los colegas y así ocultar mejor la mediocridad de los resultados. Además considero que la antropología social no es ninguna “disciplina” científica y que, afortunadamente, no sirve para nada… de lo que sirven las cosas que sirven en la actualidad; lo más que puedo afirmar es que la antropología social es una manera, como cualquiera otra, de contaminar el pensamiento. Me opongo a cualquier planteamiento esencialista de la realidad y rechazo la desolación teórica en la que nos ha sumido aquel posmodernismo que profesé cuando a finales de los ochenta anduve realizando un master en el Departmento de Antropología de la Universidad de Northwestern.

En el plano metodológico sigo a Pierre Bourdieu, y reivindico la necesidad de oponer el rigor metodológico a la ilusión del saber inmediato, tan característico del frenesí informativo que hoy hegemoniza. Creo que la honestidad ¡¡y no la objetividad!! debe ser el principal valor de aquellos que decimos que pensamos desde las ciencias sociales y humanidades. Y lo pienso así porque considero que la honestidad en la investigación es el principal escudo y argumento que nos queda frente a la violencia simbólica que hoy se ejerce sobre la universidad española e internacional y su producción científica.
 
 

16 junio 2013